Miguel Ildefonso

Nació en Lima en 1970. Estudió literatura en la Universidad Católica del Perú. Perteneció al movimiento poético Neón. Ha publicado los libros de poesía Vestigios (1999), Canciones de un bar en la frontera (2001), y Las ciudades fantasmas (2002), con el que ganó el Premio Copé de Poesía.
Setiembre 2004

EL viernes 10 de diciembre 2004 se presento, en el bar Yacana(Centro de Lima), el poemario M.D.I.H. un libro de formato simple con un contenido que refleja la inter-relacion de su autor con los barrios como El Agustino, el Centro, Quilca...en fin, Lima Lima.


Relatos de Puno

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ALGUNOS APUNTES SOBRE POESIA ACTUAL
Se trata  tan solo de resaltar unos cuantos rasgos temático-estéticos que como lector he ido hallando en jóvenes poetas a cuyos poemarios he ido teniendo acceso en estos años

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ULTIMO POEMARIO
M.D.I.H 2004 - Lima
Por lo mismo que has amado, otros amaran tu soledad que es vivir en estas calles

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POESIA CHICANA
En 1848, por el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, México cede sus territorios (California, Nevada, Utah, Colorado y Nuevo México) a los Estados Unidos. 

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ENSAYO SOBRE LA POESÍA PERUANA ULTIMA
I
MIL VOCES, UN CAUCE
Sobre la poesía peruana a partir de la década del noventa es verdad que poco se ha estudiado

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HISTORIA PERSONAL DEL 90
Íbamos por la segunda botella de Cienfuegos cuando escuchamos una explosión que provino de algún lugar del Centro de Lima.

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La Postmodernidad en Tres Novelas de Mario Bellatin
Mario Bellatin, (México, 1960) estudió en Lima (Perú) Teología y Ciencias de la Comunicación, e inició su carrera literaria con la publicación de Mujeres de sal (1986).

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ME CUIDE DE VOLVER A LA CALLE FANTASMAL

 

Bajé del bus ante el espejo negro del lago, había tibias estrellas y fresca hierba. Pegué mi cara contra la muralla de alambre, vi la luna también, lejos como mi corazón. Al amanecer, el sol tocaba mis pies, años atrás en otra frontera había tocado un sueño de cactus. Yo caminaba por el jirón Puno, tenía una botella de pisco, atrás el Lago me enviaba una nube. "Qué maravilla en el vientre del Titicaca, niña querida", dije, pero en realidad lo había dicho Gamaliel Churata en la esquina cuando lo vi, sentado en una tienda bebiendo alcohol puro, eso bebía, del Lago le habían enviado los Uros un pez de oro. Yo doblaba entonces por el jirón Lima, así como he doblado miles de esquinas y bebido miles de botellas. Carlos Oquendo de Amat, me detuvo, Miguel, dijo todo flaquito, cómprame este bono de pre-publicación. ¿Cuánto?, le pregunté, diez soles. Sus Cinco Metros también hablaban de mi niña querida. Ella dormía en el fondo del Lago, ella no sabía lo que sentía mi corazón ahora lejano y solo. "Cargado de nubes, que más parecían formaciones pétreas, babeaba el cielo con la salvaje urgencia y la misma candidez de la bestia que se dispone a amar", así, enrumbé al Lago. Cargado de lágrimas, mi propio lago se iba sumergiendo en el otro Lago. Cargado de lágrimas, todas las lágrimas del Perú, todas las nubes que conté desde mi infancia, ahora entraban en el Lago. Yo decía no llores, niña querida, ¿no sabes que así me desesperas?
 
Puno, 16 de marzo, 2005

 

ORGULLO AYMARA (BY DANTE NAVA)

 
"Soy un indio fornido de treinta años de acero, forjado sobre el yunque de la meseta andina, con los martillos fúlgidos del relámpago herrero i en la, del sol, entraña de su fragua divina." Vivía entonces entre las calles que suben y bajan de Puno, aferrado al aroma puro de una mujer. Mis patas del grupo Neón de Orkopata seguramente estaban en ese amanecer de domingo aun durmiendo o con la terrible resaca de un despertar muerto. Yo caminaba, recuerdo, entre tiendas que aun no abrían. Puno se parece a San Francisco, pensé, y recordé a mis otros patas Beats, Kerouac, Ginsberg, y también a los de la Black Montain. "El lago Titikaka templó mi cuerpo fiero en los pañales tibios de su agua cristalina, me amamantó la ubre de un torvo ventisquero i fue mi cuna blanda la más pétrea colina." El sol y el viento habían curtido mi piel, yo bebía un sueño que el Lago me había otorgado, entre madrugadas de neblina y regresos solitarios a casa. Llegué a la Plaza de Armas. Hola, Dante, me dijo una señora con su pollera y su sombrero pequeño. Deme pues una empanada. No es empanada, Dante, me corrigió. Por afuera era una empanada, pero adentro tenía una suerte de guiso. Estaba muy caliente. "Las montañas membrudas educaron mis músculos, me dio la tierra mía su roqueña cultura, alegría las albas i murria los crepúsculos." Me senté en un parque, unas palomas negras y blancas picoteaban las heridas de mis pies. Yo escribía, lo recuerdo bien, aun lo percibo, con la tinta del sol en una hoja de piedra entre mis muslos. Lo que escribía se tornaba en bronce, se estampaba en el cielo, ni la lluvia lo borraría, ni mi tristeza desenterrada lo socavaría: "Cuando surja mi raza que es la raza más rara, nacerá el superhombre de progenie más pura, para que sepa el mundo lo que vale el aimara." Yeah!

Puno, domingo 20 de marzo, 2005, 9 y 25 am.

GOOD BYE

 
Entré al restaurante El Mundo de Pinita. Ya todo Puno estaba harto de mis borracheras, de vivir entre una nube blanca de piel suave y una nube negra de cabellos secretos. Aun podía tocar Taquile con ese cielo ocre de un albatros de piedra salido de un telar de alpaca hacia el Embassy, para morir luego en los senos de una torcaza. Allá estaba el infinito de las montañas detrás del Lago, podía adivinarlo desde la ventana. Pedí una cerveza. En otra mesa había una muchacha con peinado antiguo, pequeña de estatura. Tenía bebiendo años. Nuestros caminos se juntaron. Ella cantaba: "Bien lo sabía/ que tu amor era mentira/ que tus besos eran falsos/ llenos de hipocrecía". Junté mi silla con su silla. Junté mis labios en el dorso de su mano derecha. Se llamaba Carmencita. "Cómo has engañado al cariño/ que era tan puro y sincero/ que siempre te brindó una ilusión/ con la alegría de su corazón". Era mi última noche en la ciudad del Lago. Carmencita Lara me cantaba, como si hubiera encontrado a un lejano espíritu: "No quiero verte más/ vete de mi lado/ porque eres mala sombra en mi vida".Le di un beso, pero la música seguía acompañando a su delgada voz, en otra realidad: "Estoy seguro que sin ti/ sería muy feliz/ porque fuiste para mí/ un engaño más". Tenía razón. Estaba loca, loca por ese amor antiguo y muerto. Yo no tenía nada que hacer allí. Me fui. Salí del restaurante, del Mundo de Pinita. Crucé la calle Tacna. Me fui al Lago, derecho por la avenida, crucé el mercadito donde comí carachi y pejerrey. Unos dos o tres uros me miraron con asombro, me dijeron "kamisaraki". Si han visto el final de The Big Fish podrán visualizar este final. Me quité los zapatos, mis pies sentían las totoras como una blanda promesa. Adiós le dije a Carlos Oquendo de Amat, adiós a Gamaliel Churata, adiós también a Dante Nava, ellos me decían adiós, los Uros me decían adiós, los taliqueños decían good bye. Todos se habían reunido en la orilla del Lago para despedirme. Me arrojé al Lago Titicaca, allí de donde salió alguna vez Manco Cápac, allí ahora yo me sumergía en los altos silencios, y flotaba en el agua como un gran pez de oro, y eso me reconfortaba.
20 de marzo, 2005, Puno City .
 

COLDPLAY

 
De aquella noche última de Puno apenas recuerdo que caminaba por el jirón Lima, y de pronto escuché Yellow que venía de un segundo piso. Entré, era un Pub. Me senté en la mesa de madera, era como una cabaña. Pedí un Cuba Libre, luego otro, y otro. Y Volvía a pedir la misma canción de Coldplay, hasta que recuerdo que estaba afuera. Otra vez en la orilla del Lago. Otra vez el espectro de Beatrice, arrancada de una revista de turismo que estaba en el Pub. Entonces repetí sin querer estos versos: "¡Ay de mí! ¿Les ocurre esto a los demás? / Pues Amor me asalta tan repentinamente / que la vida casi me abandona." Las estrellas se reflejaban en el Lago, era el abandono de algún dios perdido por alguna diosa. Y yo iba muy borracho, cantando, llorando: “Más allá de la esfera que más veloz gira, pasa el suspiro que de mi corazón sale: inteligencia nueva, que el Amor llorando infunde en el corazón, y hacia arriba lo tira". Era el año de 1274, y yo escuchaba las guitarras de Coldplay mientras caminaba perdido en Puno. Beatrice ahora seguía a mi espectro, el agua a veces nos tocaba. Yo le decía: "Mira las estrellas / cómo brillan por ti". Ella de pronto se sentó, estaba descalza, mirando el agua. El viento y la luna levantaban sus negros cabellos largos. Le dije: "Escribí una canción para ti". Pero ella seguía ensimismada. Su piel y sus huesos se volvieron, inusitadamente, en algo maravilloso. "Tú sabes _ le dije, sentándome a su lado _ que yo también te amo". Ella sonrió, me tomó de la mano, podría haber durado ese momento toda la eternidad, porque así lo sentí, sin embargo, ella empezó a desaparecer, a hacerse invisible, mientras que en el horizonte del Lago empezaba a salir el sol. Sólo alcancé a saltar para evitar que se vaya, quise abrazarla, atarla, pero caí través de ella, a través de su última visión, hasta caer en el fono del Lago. "Por ti _ alguna vez le dije _ yo sangro mi propia sed".
Marzo, 2005.
 

EL VIENTO A FAVOR

Yo buscaba la lluvia, insistía, entre la av. México y la Vía Expresa. Buscaba el cielo negro entre las calles vacías. Sólo unas estrellas me asechaban como ratas, sólo unos travestis aguardaban como ángeles salidos de algún bar. Bunbury cantaba: “Si ya no puede ir peor/ haz un último esfuerzo/ espera que sople el viento a favor/ si sólo puede ir mejor/ y está cerca el momento/ espera que sople el viento a favor.” Los carros bajo el puente México se llevaban mis poemas. Sólo unos junkies se arremolinaban en el grass. ¿A qué venía Bunbury a cantarme ahora? Federico García Lorca decía que el verdadero arte español tiene duende, es una especie de locura.  Quizás por eso. Pero yo buscaba la lluvia. La lluvia, insistía. A dos cuadras podía ver la estación del bus, rumbo al sur. ¿La lluvia estaría en el sur? “Otra vez te haz vuelto a equivocar/ siempre piensas la culpa es de los demás/ y no tienes más remedio/ que de nuevo empezar.” Pinche Bunbury, tenía razón, y Federico también.  Decidí entonces volver a casa, a ver si en el camino me asaltaba la lluvia de jaspes. “Otra vez la has vuelto a fastidiar/ siempre tienes que quedarte atrás/ todavía te queda un buen trecho/ y les tienes que alcanzar.” ¡Leopoldo María!, alguien me dijo en la cuadra 3 de México, una voz de alguien oculto en la penumbra de una calle metida. Doblé por esa calle, pero no vi a nadie. Esa música quemada seguía diciéndome: “Otra vez fuera de lugar/ nunca siempre estás donde no debes estar/ muy cerca o muy lejos/ no estás atento y se vuelve a escapar.” Dos cuadras más arriba, otra vez esa voz me llamó: Leopoldo María Panero. ¿Dime?, le respondí. ¿Buscas la lluvia de jaspes? Sí, dije a la oscura voz. Me dio un papel doblado. Supe inmediatamente de qué se trataba. Era absurdo. Seguí mi camino. Seguí, por tanto, buscando o esperando la lluvia. “Otra vez perdiste tu oportunidad/ siempre enfrentándote y al final/ vencido por el miedo/ caes al suelo y te dejas pisar.” Bunbury cantaba en la Av. México, y en mis ojos veía la lluvia en el suelo donde estaba escrito: “No llames a mi puerta, deja que el viento se lleve tus labios.” (Leopoldo María Panero.  Madrid, 1948-)
2005