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Respuesta al artículo “De
hombres, mujeres y género”, aparecido en El juguete rabioso.
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16 de septiembre de
1973
Las tres primeras páginas del libro Homage to Victor Jara.
TEXTO ENVIADO POR LADY ROJAS
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Lady Rojas Benavente
profesora peruano-canadiense de la Universidad Concordia de Montreal.
“No soy mujer que a alguno/ de mujer pueda servirle”
Diálogo con Mario
Roberto Morales sobre “problemas de género”. Respuesta suscitada a su
artículo “De hombres, MUJERES Y GÉNERO”, aparecido en El juguete rabioso 4,
113 (19-09-2004): 16.
Quiero comenzar afirmando mi respeto por el Sr. Morales que entra en el
campo del debate intelectual sobre el feminismo actual, utilizando como
método de apoyo una cita del poeta alemán Rainer María Rilque en la que éste
aseveraba, a principios del siglo XX, su convicción de que superando las
barreras biológicas –diferentes sexos- y culturales –educación y
comportamiento de acuerdo a los roles sexuales- se podría llegar a un “mayor
grado de parentesco y afinidad” entre los hombres y las mujeres. Veamos si
el periodista llega a superar, en su propuesta, los prejuicios
“patriarcales” que parte de los hombres todavía comparten frenando, de
alguna manera, el dinamismo de los cambios que han seguido a las luchas de
los movimientos feministas.
Hubiera sido interesante que Morales puntualice contra quiénes o qué grupos
va dirigido el tono vindicativo de su artículo. El primer punto que
sorprende por falta de contexto específico es la afirmación siguiente,
“Hablar, pues, de “género” para referirse sólo al sexo femenino en
contraposición con el masculino es un error tan garrafal…” ¿Se refiere al
discurso de alguna institución boliviana en particular o al movimiento
feminista liberatorio en sus inicios?
Tal vez sirva un breve recorrido por las teorías feministas para comprender
los avances y los escollos que sus promotoras han encontrado en ese arduo
camino de la emancipación y de la igualdad de las mujeres. La crítica
chilena Nelly Richard en su ponencia,
“Teoría feminista y crítica de la representación” (1987), traza tres
momentos del desarrollo del feminismo. El primero iniciado por Virginia Wolf
y Simone de Beauvoir es el histórico o de la igualdad que tiende a
comprender la identidad y “busca principalmente rectificar la
desfavorabilidad de las condiciones que perjudican a la mujer”. El segundo
feminismo de la diferencia representado por Luce Irigaray y Julia Kristeva
proclama desde el psicoanálisis,“la reformulación de un inconsciente
sexualmente diferenciado”. Finalmente el tercero, es el movimiento
post-feminista actual de las que “no están preocupadas de construir un nuevo
modelo de identidad femenina…, ya que dicha preocupación seguiría asociada a
una filosofía confiada en las esencias-verdades, y desmentiría el tono
post-metafísico de la nueva búsqueda”.
El concepto de los géneros que se maneja en el siglo XXI en los movimientos
feministas se ha ido depurando de sus limitaciones y desprendiendo de las
subjetividades identitarias. En efecto, por ahora se encauza en los
contextos socio-culturales en los que se configuran tanto las
representaciones de lo femenino como de lo masculino, no como valores
congelados sino más bien dinámicos y cambiantes.
En este sentido llama la atención que Morales se erija en contra de
“feminismos esencialistas tan en boga hoy en día, los cuales sostienen que
liberarse de la opresión no es más que llegar a tener el suficiente poder
como para oprimir a sus contrapartes sexuales” y “en las vertientes
supremacistas anti masculinas”-¿cuáles son, cómo y dónde se manifiestan?- y
que los confine “en el resentimiento anti masculino”.
Me pregunto si el autor de Cartas a un joven poeta apoyaría ahora “la gran
renovación” en las relaciones humanas por las que las personas feministas
-tanto mujeres como hombres- han abogado en la teoría y puesto en la
práctica, a pesar de la ideología machista recalcitrante. Para concluir en
aras del diálogo crítico y constructivo que nos permita distinguir los
avances y las limitaciones del feminismo, recurro a parte del romance
“Señor: para responderos” de la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz
(1651-1695), la primera escritora en el continente americano que ya, en el
siglo XVII, asume el derecho de las mujeres a la cultura y cuestiona el
poder exclusivo de los hombres a la educación y a la vida pública siguiendo
los modelos patriarcales fincados en la sexualidad masculina y su poder
fálico. El texto de Sor Juana muestra, primero, la complejidad del sujeto
humano que no se reduce a su sexualidad y, segundo, la actitud subversiva de
la hablante poética que no acepta que la moldeen de acuerdo al concepto
reductor de lo femenino. Es evidente que la concepción de la androginia de
Sor Juana sería retomada por varias feministas del siglo XX, entre las que
descuellan Virginia Woolf y Rosario Ferré. El poema de Sor Juana Inés de la
Cruz expresa, con gran ironía, la perversión de los sujetos que utilizan el
lenguaje para dividir a la humanidad en categorías sexuales duales con el
fin de someterlas mejor a su yugo:
Yo
no entiendo de esas cosas;
sólo sé que aquí me vine
porque, si es que soy mujer,
ninguno lo verifique.
Y también sé que, en latín,
sólo a las casadas dicen
úxor, o mujer, y que
es común de dos lo Virgen.
Con que a mí no es bien mirado
que como a mujer me miren,
pues no soy mujer que a alguno
de mujer pueda servirle;
y sólo sé que mi cuerpo,
sin que a uno u otro se incline,
es neutro, o abstracto, cuanto
sólo el Alma deposite. |