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Plumas de Afrodita, una mirada a la poeta peruana del siglo XX
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Respuesta al artículo “De
hombres, mujeres y género”, aparecido en El juguete rabioso.
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16 de septiembre de
1973
Las tres primeras páginas del libro Homage to Victor Jara.
TEXTO ENVIADO POR LADY ROJAS
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Plumas de Afrodita, una mirada a la poeta peruana
del siglo XX
Lady Rojas Benavente
Concordia University, Canadá
Plumas de Afrodita, una mirada a la poeta peruana del siglo XX (2004),
último libro del crítico peruanista Roland Forgues agudiza el ojo para
captar las condiciones culturales esclavizantes en las cuales se
desenvolvían las escritoras de una Lima y ciertas ciudades provinciales del
país –Chiclayo, Huancayo y Loreto-, áreas marcadas por el atraso económico,
los prejuicios sexuales y el acceso lento de las mujeres a la educación,
entre otros. En “Mirada de acercamiento: tendencias y orientaciones” la
primera parte del libro que contiene cinco capítulos el crítico galo revisa
las tendencias y orientaciones de la poesía en América hispana. Con una
metodología crítica que se desprende de su lectura minuciosa de las obras
que ha seleccionado, Forgues propone tres corrientes literarias en la
escritura de las poetas peruanas: esteticista, social y erótica que en
algunos textos entrecruzan sus estilos demostrando que no hay exclusividad
ni pureza absoluta de una vertiente. El propósito fundamental del primer
capítulo es tomar el pulso de “La escritura poética y género” para lo cual
Forgues echa mano de las teorías feministas de Luce Irigaray, Hélène Cixous
y estudios especializados de las académicas latinoamericanas Adelaida López
Martínez, Susana Reisz y Helena Araujo entre otras. Desde el inicio de
Plumas de Afrodita se capta la manera dialógica en que su autor entra en
debate con las propias escritoras y los intelectuales de la región para
validar sus hipótesis de trabajo.
En el segundo capítulo “La vertiente esteticista” Forgues subraya el papel
fundador de Blanca Varela en su despojamiento total para verter en sus
poemas esa ansia de sacarle a la palabra su función prístina y reveladora de
realidades y misterios, de crueldades y ansias. Luego pasa revista a la
capacidad de ciertas escritoras como Magdalena Chocano, Ana María Gazzolo,
Ana María García, Yolanda Westphalen, Carmen Luz Bejarano y Giovanna
Pollarolo a manejar el lenguaje sin complejos de lo femenino ni lo masculino
con una búsqueda que no se detiene en la sexualidad y que las lleva a
postular temáticas existenciales de la vida cotidiana, relaciones humanas
complejas, posiciones éticas y filosóficas sobre la libertad y la creación
artística.
“La vertiente social” constituye el tercer capítulo del libro que manifiesta
las formas estéticas mediante las cuales las artistas se comprometen con su
tiempo y la historia contemporánea para poner en claro sus posiciones con
respecto al sistema patriarcal y capitalista que las margina y explota así
como a los hombres. La figura paradigmática de esa tendencia revolucionaria
la constituye Magda Portal, a la que seguirán otras escritoras notables como
Lola Thorne, Cecilia Bustamante, Rosina Valcárcel, Sonia Luz Carrillo,
Beatriz Moreno y Mary Soto. Cada una a su manera cuestiona las desigualdades
sociales, denuncia las injustas dependencias humanas y desenmascara las
manifestaciones reales y culturales del sexismo y el machismo. Al mismo
tiempo estas poetas sociales contribuyen a cimentar las bases para
reivindicar y generar nuevas metas en la vida de cada día que tenga en
cuenta las necesidades del pueblo peruano y de la humanidad. El estatuto de
la mujer también constituye una preocupación de esas y otras poetas como
Carolina Ocampo, Mariana Llano, Ana Varela Tafur, Inés García Calderón y
Gladys Basagoitia.
Si las oposiciones de clase juegan un papel predominante para las poetas
sociales en el discurso literario, para las poetas de “La vertiente erótica”
el núcleo y pivote lo originan el género y las diferencias culturales entre
hombres y mujeres. La abanderada del erotismo como fuerza generadora de una
mirada diferente al cuerpo y sentidos de las mujeres lo constituye María
Emilia Cornejo. En efecto, el cuarto capítulo aborda las estrategias
discursivas que las poetas Carmen Ollé, Marcela Robles, Sui Yun, Dalmacia
Ruiz Rosas, Patricia Alba, Mariela Dreyfus, Doris Moromisato, Rocío Silva
Santisteban, May Rivas y Violeta Barrientos emplean para expresar sus
aproximaciones al cuerpo femenino, al placer sensual y sexual, a la
necesidad de otro sujeto amante con quien compartir el goce, a las
diferentes opciones homo o heterosexuales que se les presenta. En definitiva
intentan asumir libremente sus preferencias eróticas y socavan los
puritanismos de todo tipo así como los tabúes religiosos y culturales que
han definido los comportamientos sexuales en la sociedad. Para lograr su
cometido, las poetas desafían abiertamente los reglamentos y prohibiciones
mediante voces líricas que a través de su pluma inscriben en el cuerpo de la
escritura su “erotomanía” y anhelos, rompen con la mitología tradicional que
no contienen las imágenes y representaciones de mujeres asertivas y
rebeldes. En definitiva las poetas que logran plasmar su erotismo se niegan
a plegarse al papel de ser simples objetos del deseo masculino, ellas
postulan su rol protagónico en la búsqueda de unos poemas que las definan
con cuerpos sanos, autónomos y placenteros, liberados de la culpa y de sus
funciones biológicas.
El capítulo quinto “Escritura y patrones culturales” contextualiza la labor
poética de las escritoras enmarcando al Perú con las características de un
país “colonizado y subdesarrollado… heterogéneo” que presenta
contradicciones de orden étnico e histórico, desde el vasallaje de la
conquista española en el siglo XVI hasta nuestros días. Dichos hechos y
conflictos definen, de cierta manera, según Forgues la actitud de las poetas
hacia la identidad, “el parto y la maternidad…, la relación matrimonial o de
pareja, o tan simplemente afectiva.” De un lado, Varela y Pollarolo
subvierten la imagen dolorosa de las madres pacíficas que la cultura
judeocristiana ha impuesto a la madre resignada y la muestran en toda su
furia en contra de la divinidad y de sus propios hijos. Ponen sobre el
tapete el supuesto instinto maternal y contribuyen a aceptar que la
condición violenta de los seres humanos también la comparten las mujeres y
las madres. De otro lado, la escritura de las poetas Ocampo y Llano, que han
asimilado los valores culturales del mundo andino o africano, manifiesta un
singular aprecio por la plenitud de la vida a través de la reproducción de
la especie y los hijos como si completarían un destino cósmico y natural, no
signado por la maldición de los dioses.
En la segunda parte “Mirada cómplice/ santas y pecadoras” compuesta de 15
capítulos Forgues analiza con detenimiento y profundidad la obra lírica de
22 poetas. Sin embargo también menciona el trabajo de otras 20 escritoras,
todas las cuales de alguna manera, no han cejado en cuestionar los
parámetros patriarcales que han regido durante milenios el destino de las
mujeres y las ha marginado impidiendo una plena participación en la vida
cultural de sus respectivos países. En el siglo XX las artistas de todas las
disciplinas han tomado un rol protagónico en la génesis de sus poéticas y en
la construcción de una historia más acorde a sus aspiraciones. Los legados
teóricos y las luchas cotidianas del feminismo a partir de los 70 agudizan
las contradicciones sobre la sexualidad y los géneros en los
comportamientos, ponen sobre el tapete la invalidez de las creencias
religiosas y los supuestos determinismos biológicos y reproductores que
dividen a la humanidad en dos especies animales. Las poetas insuflan cambios
en sus discursos, aceptan sus ansias y se van forjando identidades más
acordes a una modernidad que no las encajone en estereotipos ni analogías
sexuales deformantes. De esa manera Forgues capta las múltiples voces y
tonos que poetizan sobre la existencia y las dificultades de ser mujer, ser
violado o en pleno control de sus anhelos, sobre el impulso de Eros y sus
diversas formas placenteras, dolorosas, culposas o musicales en el cuerpo de
seres que afirman poco a poco sus grandezas y limitaciones, su negritud, sus
costumbres orientales e identidades diferentes. Finalmente esos textos y
libros de poesía peruana se ubican en un medio cambiante y dejan escuchar
nuevas propuestas sobre el quehacer artístico de las mujeres.
Roland Forgues conoce e investiga sobre la literatura latinoamericana desde
hace más de tres décadas y desde 1982 empieza de manera pionera y con ahínco
a observar y sondear la posición y condición de las artistas peruanas del
siglo XX. En ese sentido Plumas de Afrodita contribuye a continuar el
diálogo sobre la importancia de la palabra poética y el canto de las
escritoras en el quehacer cultural del Perú. El libro termina con una
extensa bibliografía de las fuentes primarias de 46 poetas y obras teóricas
y ensayos pertinentes sobre los temas abordados. El único comentario que me
gustaría hacer para superar los significados tradicionales de una cultura
patriarcal es evitar la oposición binaria de la expresión “santas y
pecadoras” que no colabora a dar matices a otras imágenes y metáforas más
ricas que las poetas inventan para recrear su representación y con el fin de
fundar su sitio en la literatura. |