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Hoja
verde de la coca/ humo blanco del cigarro/ adivíname la suerte/ si esa
muchacha me quiere.
Abrió los ojos y me dijo: ¿Todavía no sabes si te quiero? Y yo le respondí:
Así dice la canción.
Con Pancho no nos veíamos desde que salimos del Ministerio. Siempre me llamó
la atención su persona: era consultor obligado de todas las secretarias que
tenían problemas conyugales, mi marido me saca la vuelta, mi enamorado me
quiere o no me quiere, está con otra, dime la verdad. Y Pancho en forma
categórica decía si había otra en el camino, si el susodicho la quería o no.
Y siempre pensé, de dónde saca tanta seguridad para decir cosas importantes
que te podían cambiar la vida.
-Cuando quieras Fer, me dijo un día, hace ya bastante tiempo. Estoy a tus
órdenes.
Pues bien, llegó el día. Me encontré frente a frente con Pancho, mesa de por
medio con velas, una calavera, un crucifijo, el infaltable mazo de naipes y
toda la parafernalia de una consulta esotérica.
-¿Te acuerdas de Rodrigo?, me dijo.
-Sí, claro, uno de los dirigentes del sindicato.
-Está preso en Yanamayo. Cadena perpetua. Él nunca trabajó en el Ministerio
pero llegó a ser hasta dirigente de la base. Te imaginas hasta dónde
estábamos infiltrados por Sendero.
-Esas huelgas tan prolongadas que duraban varios meses y a las cuales nos
llevaron esa gente, trajeron abajo el movimiento sindical, le dije sin mucho
entusiasmo, preocupado como estaba para ir al grano.
Pero este pequeño comentario a desgano, le dio pie para seguir hablando de
todos los compañeros que fueron ganados por Sendero o por el MRTA.
-¿Te acuerdas de Rosendo Nina? Murió en el atentado al Ministerio del
Interior. Era tupa, el desgraciado. Era pata mío, nunca pensé que estaba en
estas cosas.
-No me acuerdo de él, le dije como terminando esta parte de la conversación.
-Yo tengo aquí algunas fotos, aquí lo puedes reconocer.
Y acto seguido sacó de un cajón de un estante cercano unas fotos
amarillentas, grandes, que me fue mostrando y donde fui reconociendo a
nuestros compañeros de trabajo y que ahora o ya eran finados o estaban
presos. Fui reconociendo a nuestros combativos dirigentes que en su acción
sindical cumplían órdenes de los grupos alzados en armas.
-¿Y cómo has conseguido estas fotos?, le pregunté.
-Ah, se dice el milagro, pero no se dice el santo, y guardó rápidamente las
fotos en el mismo cajón del estante cercano.
-Pero nunca supe de qué agrupación política eras Fer? Eras como un meteorito
que aparecías y desaparecías, pero siempre era grato escucharte en las
asambleas y en los mítines.
-Yo era de Bandera, de Satuco.
-Vaya, vaya, nunca pensé que fueras “burro”, más bien pensé que eras Patria.
-No, le dije y me mandé con un largo comentario de por qué era Bandera y no
Patria.
-Pero no he venido para hablarte de eso, le manifesté poniendo cara de
circunstancias y cortando abruptamente la conversación con ribetes
políticos.
-He venido por otra cosa.
-Ya sé por qué vienes. Si ella te quiere y tú la quieres, cuál es el
problema.
-El problema es el siguiente: si una persona tiene complicada la vida, esta
persona la tiene doblemente complicada.
-No te preocupes, ya saldrá de las complicaciones. Y así no salga, lo
importante es que ella te quiere.
-¿Cómo sabes que ella me quiere?
Distraídamente cogió el mazo de cartas.
-Corta, me dijo. Corté y cogió uno de los montoncitos y sacó una carta, la
de encima.
-Mira. Ésta es la carta del Amor. Es la primera que ha salido. Y con el
índice apuntó la carta.
-Y el Amor hace milagros, mi querido Fer. Ella te ha dado muchas muestras de
que te quiere. Vive el presente, no te atormentes ni por el pasado ni por el
futuro. Total, la vida es una sola. Saca otra carta.
Saqué la segunda carta.
-Vas a viajar. Pero no en un tiempo cercano. Tal vez dentro de algunos
meses. Te cae a pelo este viaje. Utilízalo para ordenar tus ideas. Y vendrás
renovado.
-No puedo creer tanta belleza.
-El futuro cercano que tienes no es muy bello; debes tener paciencia y
perseverancia. No pierdas la calma y las cosas van a caer por su propio peso.
Depende de ti. Sé fuerte, no desmayes, lucha por lo que quieres.
-¡Eres el Paulo Coelho de Pueblo Libre¡, le dije soltando una carcajada
-Vas a necesitar de tu buen humor. Tal vez salgas un poco magullado de todo
esto pero vale la pena. Inténtalo.
-Saca la tercera carta, me dijo.
-No, mejor déjalo allí no más .
Ahora fue Pancho quien se rió a mandíbula batiente. Terminamos riéndonos los
dos.
Cuando salí, la pequeña sala de espera estaba llena de personas impacientes,
principalmente mujeres, que me veían con cierto desagrado pues le había
quitado tiempo a su Maestro Pancho, como lo llaman.
Ya fuera de la casa y camino al paradero, escuché el sonido del celular que
me anuncia que tengo un mensaje.
“cielo tengamos la esperanza de tener un mañana juntos vivamos con esa fe y
con mucha paciencia nuestra lograremos metas deseadas te amo sol”
09/10/04
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