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Antoanette Alza Barco

Escritora novel, estudiante en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

 

El Escorpion y la tortuga

El escorpión había vivido mucho tiempo pensando en esa cosa dura tan pesada que era su espalda.
Caminaba por eso lento y descansaba mucho a causa del caparazón demasiado grande que tenía.
Un día le dio ganas de saber quién era a causa de tantas molestias, así que fue a revisar un diccionario y leyó:
Escorpión: “Alacrán/en México lagartija venenosa de color oscuro y fornida/ antigua máquina de guerra, especie de ballesta con que se arrojaban piedras…”

No leyó más porque de pronto se aburrió tremendamente. Así que empezó por observarse y pensar, luego de un rato se dijo: bueno eso de alacrán, ese nombre no va conmigo, no tiene estilo, ni gracia. En cuanto a lagartija, me caen bien las lagartijas, pero son demasiado inferiores para ser una de ellas. Yo lo que necesito es ser recordado, eminente, importante, histórico, histriónico. Eso es, eso de ser recordado, eso es lo mío. Y se alegró mucho. No por nada-agregó- me distinguen los demás cuando me ven pasar. Este caparazón es algo grande para mí, pero imponente, eso es lo que importa. Así que me quedaré con la máquina de guerra, eso sí que suena importante, suena a historia, y si quiero ser histórico, algo de historia debo tener.
Ahora debo pensar qué tendré que hacer para parecer histórico. Quizá deba poner cara de malo, y en cuanto vea que alguien me mire extraño, iré en su encuentro, pondré una piedra sobre mi caparazón y lo lanzaré con fuerza contra el enemigo. Ya verá lo derribaré de inmediato. Habré ganado. Y se sintió muy contento
otra vez.
Luego dijo: pero cómo haré para poner la piedra arriba del

caparazón si mis patas son pequeñas, mi cuello podrá servir, pero si por casualidad la piedra golpeara mi cabeza, ésta de inmediato se escondería dentro del caparazón. Pero

Cómo haré para que la piedra…quizá deba pedirle a ese que se acerca…
Y efectivamente se acercaba un gran escorpión negro, muy distraído. Hola le dijo al gran escorpión, puedes hacerme el favor de poner aquella piedra encima de mi caparazón. Está bien-respondió el escorpión-voy a intentarlo. Pero para qué quieres que ponga esta piedra encima de ti. Señalando el gran caparazón. Es que quiero ser una máquina de guerra, en pocas palabras ser “histórico”. No entiendo muy bien lo que dices-respondió el gran escorpión- pero estoy apurado así que me apresuraré.
El gran escorpión delicadamente intento varias veces colocar la piedra. Hasta que por fin lo hizo.
Muchas gracias- le dijo- no hay problema –respondió el gran escorpión- pero no debes moverte mucho para que no se caiga la piedra.
Gracias por todo-le dijo- y en señal de agradecimiento, con su pata le cogió la cola al gran escorpión, que se alejaba rápidamente. De pronto sintió un dolor tan fuerte, que lo remeció por completo, mientras su cuerpo se escondía eternamente dentro de su propia piedra, la otra caía muy cerca de él.

La ruleta y la razón


ruleta, razón ruleta...
decía Y cada mañana, y era lo único que decía Y cada mañana, porque Y no decía más que ruleta, razón, ruleta.
Cuando se despertaba, le decía a su mamá: ruleta razón.
Cuando iba la parque con sus amigos y perdía, decía: ruleta menos razón.
Cuando le preguntaron en la escuela que era el amor, respondió: ruleta más razón y ruleta.
Otro día su abuelito le pidió que le leyera un fragmento de su libro sobre el sentido del tiempo. Y – le dijo el abuelo-léeme esto por favor porque no hay mucha luz. Entonces Y empezó a leer:

Ruleta por razón más razón de ruleta dividido por la razón de la razón de la ruleta entre las ruletas de la razón.

Cuando Y acabó de decir esto, el abuelito-le dijo- muy bien Y pero dime, qué sabe el mundo de esto. Que sabe el mundo de nosotros dos, porque nadie nos ha visto, nadie nos conoce, nadie se acuerda de nosotros. Porque estamos encerrados aquí y allá. Todos pasan y nadie nos recuerda, se olvidaron de todo…de estos nuestros secretos.
Luego hubo una pausa y después dijo: Tengo hambre, así que tráeme algo de comer, de acuerdo…
Ruleta y razón- dijo Y a su abuelito- y luego se fue a pensar.

 

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